ETIMOLOGÍAS DE POMUCH


 

 

En la revista “Blanco y negro”, fechada en junio de 2004, con el patrocinio del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Centro INAH Campeche y la Universidad Autónoma de Campeche, se recopila una reseña de Fernando Kuk Caamal, que contiene dos versiones acerca de la etimología de la palabra Pomuch.

La primera dice que cuando los primeros españoles llegaron a esta tierra vieron cerca del cenote de Pomuch muchos sapos tostados por el sol y pensaron que en este lugar se tostaba a los sapos para comerlos, por lo que a este lugar se le llamó Pocmuch.

La segunda versión consigna que en el mismo lugar se encontraban varias mujeres indígenas lavando y al preguntarles cómo se llamaba el lugar confundieron la pregunta y dijeron “tin poó: estoy lavando”. Y al preguntarles cómo se llamaban los sapos les dijeron “much”, y de ahí proviene la etimología: Tixpocmuch “Lugar donde se lavan los sapos o Ahí donde se lavan los sapos”.

En mi apreciación personal el sapo es símbolo de la sexualidad, es el frenesí de la exigencia carnal hasta los límites más extremos y más profundos. El sapo que no sale de su charco goza del bacanal y de la lujuria, pero salir de ahí o nunca entrar a las peripecias del fragor sexual es sentir el dolor de la hiel de los batracios. El sapo es sexualidad.

No están alejadas de la realidad las dos versiones etimológicas anteriores.

El sapo tostado es el que ha sentido el dolor denso del deseo sexual, el que ha combatido el inexorable movimiento del ciclo de la vida. Entre los mayas el combate está simbolizado por el juego de pelota, combatir a Ah Puch era el ritual principal de la religión de los pueblos del Sol. El jade y la obsidiana combatiendo, y finalmente, el jade es el glifo en oración, presidiendo su cetro sobre el tormento y las neblinas derrotadas.

La otra versión que establece que los sapos se lavan significa estar croando bajo la lluvia para limpiarse de las deidades sexuales que gobiernan la lujuria animal. La lluvia es el símbolo poético, de todos los tiempos, de las lágrimas por amor, porque la máxima expresión de los sentimientos que se entroniza y ejerce su poder sobre la humanidad, ha sido y será por siempre, el amor.

Y estar croando por amor es estar cantando bajo la lluvia, transformando el dolor en versos inagotables, en poesía inspirada que los dioses otorgan con el corazón feliz. Porque solamente hay un Dios del amor, otro Dios dijo que es el Dios de la luz, la resurrección y la vida, pero del amor solamente hay uno, y ese es el Dios de la poesía, es el Dios de los pueblos del Sol, es el Dios que me dijo “Ven”, y yo fui tras él.

Porque en mi noche más densa clamé y ningún Dios estuvo ahí entre la oscuridad para tenderme su mano, solamente el gran Hunab Hu, el poderío del Sol entronizado, me dijo: “Aquí está el amor”.

Y de amor está hecha la vida, de amor están hechos mis dioses, de amor es la transparencia y la frescura de sus palabras que son de lluvia, que son de relámpagos, y de versos consagrados.

Esto es el sapo tostado, y esto es el sapo que se lava bajo la lluvia. Esto es Pomuch.

Un Dios que no conoce mujer, es un Dios que no puede cantarle al amor, es un Dios que no sabe hacer poesía, es un Dios analfabeta que nunca escribió.

El falo de piedra que está en el centro de Pomuch no es un monumento, es un símbolo de la fertilidad que en sus tiempos de decadencia erigieron los mayas en algunos lugares. Fue traído de algún sitio arqueológico cercano, más como una diversión, que por algún motivo de hacer homenaje.

 

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