EL HANALPIXÁN


 

 

Pronto serán los Días de Muertos, Días de los Fieles Difuntos o de Todos los Santos, en maya Hanalpixán o Comida de las Almas y, en ocasión de esta celebración, quiero escribir unos breves apuntes que contribuyan a enriquecer los detalles y el contexto de este festejo.

Los pibipollos pueden ser enterrados u horneados, también pueden ser redondos o cuadrangulares. Estos últimos son los que se preparan en las latas de las panaderías y que, posteriormente, son horneados en los hornos de medio globo hechos de material, el calor lo proporciona la leña que se quema por dentro.

Los pibes redondos se acostumbran en las familias de escasos recursos que hornean bajo tierra. Estos pibipollos se envuelven con muchas hojas de plátano y se amarran con muchas fibras de pencas de henequén, cualquier lata es útil para servir de base.

Se acostumbra que los hombres del hogar se ocupen del hueco y del horneado que dura entre hora y media o dos horas dependiendo de lo caliente que esté el hueco. También se ponen tres o cuatro piedras calientes y un poco de brazas encima del horno ya enterrado. Unos entierran sus pibes con hojas de ramón, otros con roble, pich o pixoy. Las mujeres por su parte preparan la comida, los dulces, los altares y el rezo.

Un comentario importante de Guadalupe del Carmen Quijano Uhu es el siguiente: “Mi abuela nos comentó, según sus creencias, que cuando se hacen los pibipollos nadie debe estar molesto, porque las almas no los reciben ya que no los preparan con cariño”.

La gente acostumbra levantarse a las tres, cuatro o cinco de la mañana para empezar los preparativos, también muy temprano se acude al mercado para comprar lo necesario si es que no se acudió desde la noche anterior, que es un día especial, porque en esas horas nocturnas se abre el mercado para comprar lo indispensable.

Otra de las costumbres es la que consigna Ezequiel Junco Xool: “Con anticipación se lavan los trastes, la ropa y se barre el patio para que esté limpio, así cuando lleguen los familiares vivos todo estará limpio”. Se dice que a partir del 31 de octubre las almas ya andan libres. Desde tres semanas antes las artesanas de Tepakán ya se encuentran en las afueras del mercado vendiendo pitos de barro, incensarios y candelabros pintados con vivos colores.

Además de las frutas, los dulces y lo que necesita el altar son muy necesarias las flores de Xpujuc o flores de muertos, también se acostumbran las jicaritas para poner el chocolate y el agua. Otro detalle importante son las tortillas torteadas y las velas de cera, porque son naturales y están cerca del mundo de los espíritus.

La gente del pueblo dice que las almas “toman el olor o la esencia de los alimentos” y otros dicen que disfrutan “la fragancia” del altar. A los ocho días de terminadas estas fiestas se les recuerda nuevamente preparando todo igual, a lo que se le llama el “Bix” en maya y “octava” en español. Se despide a las almas el último día de noviembre con los mismos preparativos y recibe el mismo nombre: bix, “para que se vayan contentos”.

Iván Balam Dzul afirma: “Esta celebración se hace año con año y es una de las tradiciones que no se debe olvidar, ya que por un mes estamos cerca de los familiares que ya han fallecido, pero creo que ese no es el único mes que debemos acordarnos de ellos, sino por siempre, día con día, año con año y así hasta la eternidad”.

 

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