EQUINOCCIO


 

 

           El reino de la muerte del señor Chac Mitum Ahau, que significa Gran Pudrición Universal, es un glifo sin nombre que se murmura con dolor. Las místicas deidades del dolor son de niebla invisible que acongoja, son de furia que arremete, son sepulcros que dan muerte. Hieren, muerden, matan...seducen con somnolientas ansiedades que no acaban: son los Señores del reino de Xibalbá, el poder de la obsidiana, el chillido de murciélago que penetra los huesos y la sangre.

 

Solamente el amor de ofrecer en cada flor y en cada sonrisa luz, alegría y serenidad es la plegaria contra la cual los Señores de la muerte no tienen poder. Por eso, si tú tienes amor dalo con cariño, entrégalo a cambio de una sonrisa de novia o de niño, entrégalo a cambio de un crepúsculo rojizo de la tarde. Ama y no esperes que te amen con la misma grandeza de tu amor, esa es la virtud más grande de nuestro pueblo, ese es el regocijo que nos alienta a ser parte del cosmos sagrado.

 

Con ese sol de amor el Dios jaguar, Itzamná, combatió en el inframundo con Ah Puch, el Dios de la muerte, para arrebatarle la clave de la vida y enseñarle a nuestro pueblo la senda hacia el corazón de la vida sagrada.

 

En el tiempo de la oscuridad y del dolor, del invierno del alma que calcina la vida, Itzamná llegó a Xibalbá a enfrentar al Señor Gran Pudrición Universal en un combate a muerte, simbolizado por el juego de pelota. Jugaron la luz y la obsidiana.

 

El hule esférico de la pelota cruzaba por el aro de la vida. El Dios Ah Puch hacía crujir los huesos, explotaba en la sangre del Dios Jaguar con la hiel de los batracios. Itzamná con un nuevo abecedario recibía inspiración de poesía y combatía con plegarias puras. Mientras más era el llanto de fuego más puro era el sentimiento.

 

Chac Mitum Ahau lo acuchillaba; el amor que sentía el Dios jaguar no se doblegaba. Más denso y más profundo era el juego, la pelota no cesaba de cruzar por el círculo del aro. El Dios de la muerte relámpago y poder del inframundo tiende su red invisible de dolor. Itzamná se arrodilla y cae muerto. Su muerte es un suspiro de paloma enamorada: renace y se levanta, la clave de la vida le arrebata al Señor de la muerte. Deja atrás Xibalbá: es el glifo en oración sobre la obsidiana. Encierra al Dios Ah Puch en el olvido, entreteje con un nuevo abecedario el rincón donde se disuelve Chac Mitum Ahau o Gran Pudrición Universal.

 

El Dios jaguar, que es Itzamná, le entrega al pueblo maya la clave de la vida y el cosmos se llena de arco iris, de luceros, de palomas y de blancas mariposas transparentes. El cosmos sagrado es un selecto hogar de un nuevo abecedario: palabras que se remontan y se entronizan en la cúspide de la felicidad celeste.

 

Recuerda que el amor es la virtud entronizada de nuestro pueblo. Siente amor y convierte tu dolor en un ramo de flores rosadas que se ofrecen sin pedir más que una sonrisa y una palabra de agradecimiento y no esperes más.

 

Tu amor es la mariposa de ámbar que te guía por la oscuridad del inframundo, síguela y no te doblegues, vence al dolor y entrega tu vida al regocijo de ser la primavera que otorga sus fulgores, de ser el cántaro que vuelca su cariño de frescura, de ser el poema que cantaste hasta la muerte y no esperes más, solamente da de lo que tengas y no esperes nada a cambio. Esa es nuestra virtud entronizada: el amor. Recuérdalo, te lo dice tu Dios.

 

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