LA LUJURIA

 

 

La lujuria es una deidad manejando un títere, y esa marioneta somos nosotros que estamos en sus manos. Se deleita haciendo de la sexualidad un instinto desbordado. La lujuria es una obsesión enfermiza que no da tranquilidad, que exalta la condición sexual y convierte a la sociedad en esclavo de sus frenéticos impulsos.

La lujuria manifiesta sus primeros síntomas en la adolescencia cuando la sexualidad es intensa, es un éxtasis animal que empuja hacia una actividad desordenada y convulsa. Se caracteriza por una masturbación excesiva que puede decaer en orgías. También es causante del acné juvenil, enfermedad del rostro que deteriora la cara. En la adolescencia es cuando la juventud despierta a la sexualidad y al amor.

La lujuria no entiende de edades, ni de género, se le encuentra en el fondo de la noche, en los lugares oscuros, en las oficinas cerradas y en las habitaciones aisladas. La mejor forma de enfrentarla es practicando algún deporte, no leyendo revistas pornográficas y contar con una habitación con una ventana por donde entre la luz del día, y que esté limpia y ordenada.

La lujuria no se ve, pero se siente, también se asocia al alcohol y las adicciones. Es bueno saber de este instinto para conocerlo y dominarlo hasta donde sea posible. Habita en los resquicios de la mente, en los lugares solitarios y sombríos, pocos la conocen, pero muchos la han sentido en su desarrollo corporal.

Lumbre de la piel, carnal sinfonía que deleita, tu voz de peces transparentes dice: “estoy contigo, yo soy la hiel o la frambuesa. Yo soy la lujuria, el fuego que enciendes en la intimidad”.

 

DEIDAD DE LA LUJURIA

 

Deidad de la lujuria desatada,

torrente universal de los deseos

mi carne de la luna enamorada

combate entre los místicos torneos.

 

Gobierno de los mágicos placeres,

ingrávida obsesión arrebolada

le digo a las muchachas y mujeres

que el vino junto al mar sin sol te agrada.

 

Enciérrate por siempre entre los versos

de amor iluminado del poeta

que escribe al mediodía sin esfuerzos.

 

La luz del nuevo día se agiganta

y llena con fulgor de pandereta

el alma que a la vida se adelanta.