EL PROGRESO

 

  

 

El progreso es un objetivo, se podría decir que es el ideal del Estado y de la ciudadanía. Tener progreso y prosperidad es un anhelo colectivo que se proponen las autoridades y la gente y, en base a esta premisa, es que se crean los modelos de desarrollo vigentes. Siempre ha sido así en toda las épocas históricas.

Los países del primer mundo son los que tienen los modelos de desarrollo envidiados por muchas naciones. En los países menos desarrollados se ejercen acciones, se ejecutan proyectos, se invierten cuantiosos recursos y se construye infraestructura con este propósito. A pesar de todos los esfuerzos parece que no son suficientes las condiciones de progreso logradas.

Sin embargo, es importante señalar que aún cuando se mira el futuro como se miran las estrellas, es necesario hacer frente a la realidad y apagar esas burbujas de ensoñación que hacen ver el porvenir como algo lejano e inalcanzable.

El progreso ya está aquí, lo tenemos en la tecnología, en los medios de comunicación, en las obras de la infraestructura creada, pero nosotros nos cerramos a la realidad. Tenemos en nuestras manos la capacidad para hacer del mundo, de nuestro país, de nuestro pueblo y de nuestra familia –y aún de nuestro propio corazón-, esa visión de fantásticas cualidades y obras magnas a la que llamamos progreso.

Pero es necesario empezar y dejar de especular en lo que podría intentarse. Tenemos que empezar con nuestra lucha cotidiana, tenemos que esforzarnos por ser mejores momento a momento. Si decimos “no se puede, no puedo, es imposible” no se llega a nada. La actitud dramática, depresiva, derrotista no conduce ni al progreso ni a la mejoría en ningún sentido.

Tenemos que empezar con nuestras propias actitudes, si logramos objetivos sencillos, lograremos ideales más grandes. Si nosotros podemos ser mejores, los que están a nuestro alrededor se “contagian” y así la sociedad va teniendo una conciencia positiva que es lo que se necesita para tener el progreso en nuestras manos.

Ahora y, con lo que tenemos a nuestro alcance, estamos en pos del progreso, lo demás vendrá de nuestro sudor diario, de nuestro esfuerzo por construir lo que nos proponemos. El progreso, más que un espejismo del futuro, es una realidad de la que disponemos; sólo nos falta inteligencia, realizar ajustes y esfuerzo colectivo diario para ser un ciudadano con valores, un pueblo limpio y ordenado y una nación de vanguardia.

El progreso está en nuestras manos, el planeta nos necesita, nuestros hijos, nuestra patria. Tengamos voluntad de progreso en cualquier parte donde estemos, en cualquier lugar donde nos correspondió estar, en la trinchera desde donde a diario nos ganamos el pan diario. El progreso está en nuestras manos y necesita de nuestra lucha para que sea real y se note.

El progreso es nuestro objetivo, el ideal por el que a diario miramos a nuestros hijos a los ojos. Es ese esfuerzo para proporcionarle a nuestra familia y a nuestro planeta lo mejor de nosotros día a día; con ímpetu y temple lo podemos alcanzar, aunque de hecho ya está a nuestro lado.

 

EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA

 

El enemigo del progreso somos nosotros mismos. Tenemos una explosión demográfica inconmensurable, nos convertimos a diario en miles de millones de nuevos pobladores, que si seguimos así el planeta ya no nos va a poder contener y vamos a explotar en medio de nuestra galaxia.

Las estadísticas demográficas son las siguientes: en el año 1800 éramos un mil  millones de habitantes en todo el mundo, en el año 2000 llegamos a seis mil millones y en el 2011 ya somos siete mil millones de habitantes en el planeta Tierra.

Los países más habitados son China con mil 350 millones y la India con mil 241 millones de habitantes. Estados Unidos tiene 313 millones, Alemania 82, Reino Unido 62 millones de seres. En México ya somos 114 millones, Campeche cuenta con 822 mil habitantes y Hecelchakán tiene 28 mil 306 pobladores (2010).

Efectivamente todos queremos tener una familia, pero hay que tener los hijos a los que podamos alimentar y dar educación y hacerlos felices. Estamos haciendo mal uso de la planificación familiar. Hay países africanos que se están muriendo de hambre, y alrededor del mundo la pobreza no permite tener condiciones para tener muchos hijos y, sin embargo, no se tiene conciencia sobre la responsabilidad de traer más hijo al mundo.

 

ESTADÍSTICAS

 

Cada año se generan nuevas estadísticas de producción, de aumentos de salarios y de expectativas económicas en constante crecimiento. El Gobierno, las empresas, los productores anuncian eufóricos que se incrementaron las estadísticas con respecto al año pasado y con respecto a muchos años atrás.

No sé qué de eufórico pueda tener eso porque a ese ritmo el mar ya no podrá darles más peces a los pescadores, el gobierno terminará por cansar al ciudadano y explotarán nuevas revoluciones y los compradores dejarán de comprar ante el incremento constante de los productos, en fin, que una cosa es crecer sanamente y otra es crecer con obesidad, y es lo que le está pasando al mundo.

Hay un desenfreno por la reproducción sexual para generar más consumidores y por lo mismo agotar los recursos naturales. La conclusión de las estadísticas eufóricas de cada año es que el mundo terminará por devastarse y hacer explosión con todos los que en él vivimos, ricos y pobres, feos y bonitos, gobiernos y gobernados, perros y gatos y demás.

 

EL COSMOS INFINITO

 

Las películas de ciencia ficción dejarán de serlo en el futuro y los viajes interestelares serán realidad para los habitantes de la Tierra. A este ritmo en el que la sociedad y los países se convulsionan, la globalización de los problemas terminarán por afectar la ecología mundial y ya sin recursos verdes el mundo tendrá que emigrar a otras constelaciones.

Ese es el propósito de una parte económicamente bien posicionada de los habitantes del mundo que únicamente ven por sus intereses personales y no tienen ningún sentimiento positivo hacia la naturaleza: devastar árboles para tapizar con concreto la tierra, oler flores de plástico en vez de rosas naturales, contaminar los mares y los bosques con el petróleo y disolver en la nada los recursos naturales.

Entonces se tendrá que emigrar al espacio exterior peregrinando de planeta en planeta, porque es la clase de vida que le gusta a esos seres.

 

CONCLUSIÓN

 

Esta es la conclusión a la que llegan mis neuronas. Pero, a pesar de todo, hay una multitud enorme de personajes invisibles que luchan porque las visiones apocalípticas nunca se hagan realidad. A diario hay gente buena que está manteniendo la armonía del universo sin que eso sea una noticia espectacular. Afortunadamente somos muchos los que creemos en la ecología, la justicia, la armonía y el palpitar sereno de las cosas.

El libro Apocalipsis predice el fin del mundo, pero eso no va a suceder. Mientras haya uno sólo que luche por la armonía universal los jinetes de augurios negros nunca se van a aparecer por nuestro planeta.

Tenemos problemas, es cierto, angustias, pero la perspectiva positiva de la conciencia humana nos dice que estas cosas van a pasar, son relativas. Es más grande el amor, la bondad y el anhelo de felicidad del género humano que las visiones catastróficas de los profetas del desastre.

El progreso, el cariño a la naturaleza y la grandeza del amor nos permitirán ver un futuro claro y confortable; un planeta siempre azul como patrimonio de nuestros hijos y generaciones de ciudadanos comprometidos con su familia, con la patria y el universo.