La Mascotita

 

 

 

Hoy se fue mi pajarito. Voló lejos de la jaula y se remontó a los árboles y el cielo. En realidad era la mascotita de mi hijo de cinco años. Se lo compré en la tienda de peces, porque le gustó, tenía muchos colores en el pecho y era bello en realidad.

Todas las tardes le limpiaba su jaula y le daba agua y alpiste. El día que se me escapó la estaba limpiando como de costumbre y metí la mano para sacar su comedero, en ese momento el pajarito salió volando de la jaula, se paró un momento en el techo de la casa y remontó su vuelo a un árbol cercano de roble…se alejó para siempre.

Mi hijo lo lloró, le prometí comprarle otro, pero lloró la pérdida de su tesoro. Sentí una opresión en el pecho, fue un momento triste.

Pensé que así se pierde la libertad, el amor, el dinero, la salud, las cosas importantes de la vida. Cuántas veces se tienen en la mano las posesiones más preciadas y no se les valora adecuadamente, y un día se pierden para siempre.

Porque las cosas importantes ya no retornan jamás, vuelven las cosas frívolas, superficiales, lo de escaso valor, pero las cosas realmente importantes ya no regresan, se pierden para siempre.

Cuántas veces se pierde el amor que, como un pájaro herido, se aleja cabizbajo hasta perderse en la distancia. Pierde quien no supo valorarlo, ya que jamás volverá a sus manos.

Así también se pierde la libertad, los días felices que se cambiaron por migajas, sólo la sombra del recuerdo quedará de aquellos momentos. La pérdida de esos tesoros también impulsa a llorar, son tiempos felices que ya nunca volverán.

Por eso si tienes el amor cúidalo, límpiale su jaula y dale de comer, cantará todas las mañanas en tu diario amanecer. Cuida todas tus cosas preciadas, alimenta su libertad, que no les falte nada y siempre estarán contigo.

Hoy se fue mi pajarito…ganó su libertad alegremente revoloteando entre las ramas de los árboles y va al encuentro de su destino irradiando felicidad.

 

Volver