LA ETERNA SABANA DEL DESCANSO

 

 

 

ESTEBAN ROSADO DOMÍNGUEZ

 

Apreciado Sergio:

 

Todos los seres transitamos por el camino que nuestra vocación nos marca. Tú escogiste el camino de los sueños que transportan tanto al que hace, como al que lee poesía, a paraísos insospechados, a regiones ignotas donde habremos de descifrar finalmente el misterio de la vida.

Hace tres lustros que escribes lo que te gusta, lo que sientes, lo que consideras necesario compartir con tus semejantes y durante esos años te has sentido incomprendido, quizás porque tu manera de cantarle a la belleza no es muy común; pero eso no debe ser impedimento para que continúes haciéndolo. ¿Qué no has ganado premios? ¡no importa! La satisfacción interior es la mejor recompensa, y la sincera mano del amigo, el cariño de los padres, y esposa, el aliento que se requiere para seguir hilvanando los más hermosos pensamientos, transformándolos en versos de suaves cadencias que brotan de tu alma sensitiva.

Si cuando estas líneas vean la luz pública ya el jardín familiar ha florecido con la llegada de tu primer hijo, sin duda ahora te sentirás la gente más rica del mundo, el poeta más feliz, el hombre más realizado, porque ya tienes alguien más a quien cantarle. Entonces…, deja atrás las amarguras. Ya sembraste una Ceiba sagrada en el corazón de tus amigos y lectores; ya escribiste libros; ya engendraste un hijo. El oscuro camino de ayer debe olvidarse; el presente debe vivirse con alegría y plenitud y el futuro, incierto como lo es, debe avizorarse pletórico de realizaciones.

Mientras vivan en ti los dulces recuerdos de la bella región del Río Candelaria donde se asienta el Ejido Independencia y donde tú y tu esposa Marisol se juraron amor eterno; mientras sigas conservando el recuerdo de tu padre, mi buen amigo Calín y cuidando con esmero de tu madre Alicia y escribiendo como Cronista de Hecelchakán sobre nuestro origen, costumbres y tradiciones, los dioses mayas te seguirán guiando con la antorcha de luz que constituye su pensamiento por nuestras poblaciones, cenotes y centros ceremoniales, a la sombra de los álamos, jabines y piches, donde cientos de aves duermen por las noches y en las madrugadas despliegan sus alas en busca de más amplios horizontes.

En una de tus Crónicas, si mal no recuerdo, la del 24 de febrero próximo pasado, al referirte generosamente a la Compilación que realizamos sobre el Campeche de ayer de hoy y de siempre, escribiste: “Cuando desplegamos las alas ya nadie nos detiene, tenemos en nuestro objetivo la mirada puesta en la meta final”, y agregaste en otro apartado: “Cuando desplegamos las alas somos más nobles, más certeros, más precisos, más conscientes de nuestras responsabilidades, más sensibles, más humanos, más alegres”.

Comparto tus aseveraciones porque el hombre no tiene más límite en sus aspiraciones que el que se imponga, y en la medida en que se humanice crecerá interiormente; entonces, recibirá, como bien dices, el aliento de Ahau o Halach Uinic, luchará por nuestros pueblos del Camino Real caminando al lado de Yum Kax o Ah Mun, porque con la masa del maíz se creó la humanidad maya y en el calor de Ah Kín encontrará la fuerza que hacen que vivan los mundos, los soles, las estrellas, el átomo, porque es la fuerza que deberemos encarnar todos a través de vivir el precepto amor a la humanidad y estará más cerca de Hunab Ku, la deidad principal del panteón maya, de quien se dice procedían todas las cosas y que representa la eterna batalla entre la ignorancia y la conciencia, de la cual el espíritu humano emerge y florece.

Si los habitantes de nuestra Sabana del Descanso fueron capaces de penetrar el mundo subterráneo de Xibalbá donde habitaban deidades vinculadas con la muerte, la fecundidad y la germinación, y combatieron a orillas del río que recorre barrancos y jícaros espinosos y vencieron a Ah Puch, el Dios de la Muerte, el que gobierna el Mictlán, el último mundo subterráneo; el que sale por las noches a la Tierra en busca de presas y ronda las casas de los enfermos, sin duda es por lo que ahora presume su linaje y estirpe.

El Halach Uinic, estoy seguro, que con el consejo de sacerdotes nobles y consejeros especiales, seguirá dictando leyes, administrando justicia y organizando nuestros pueblos, para bien de nuestras familias y nuestros hijos.

Con afecto cordial.

 

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