LA XTABAY

 

  

 El arco tenso impulsó la flecha,
voló en el aire la luz del trueno,
aquél venado macho salvaje
sintió la muerte morder su pecho.

 

Cayó sangrante sobre la hierba,
sus ojos negros quedaron blancos,
quedó marchito, Canek dormido,
quedó sin alma, quedó sin vida.

 

Los grillos fueron testigos mudos,
brillan los astros y los cocayes,

las sombras, duendes, lo cubren todo,
el viento pasa, cuánto silencio. . .

 

Cargo el venado sobre mis hombros
y vuelvo a casa, las hojas secas
ruidosas crujen bajo mis plantas,
camino solo, la noche es tibia.

 

Son bellas todas las construcciones
que se levantan sobre mi pueblo,
ya veo el templo de la serpiente
que se perfila contra la noche.

 

Oigo pisadas por el camino,

una silueta veo a lo lejos,

del pueblo viene. ¿Será un amante? ,
¿será un viajero o un alma en pena? .

 

Es Uinic Xiu ¿Por qué lleva flores? .
Seguramente Lucero Claro

lo está esperando cerca del monte.

¿Por qué detiene su andar? , ¿qué mira? .

 

Uinic Xiu parece impresionado,
¿Por qué está pálido su rostro?,
¿qué estarán sus ojos contemplando?,
¿por qué tiembla si hoy es primavera?,

 

¿ Quién gime con lánguida tristeza

y solloza igual que una paloma? ,
¿la lechuza me estará aguerando? ,
¿será un perro que llora por su amo? .

 

¡Es la xtabay quien está llorando!
Bajo la ceiba desnuda implora,
quiere consuelo y un pecho busca
que la cobije de su tristeza.

 

Sus ojos brillan como cocayes,
sus labios rojos son florecitas,

su pelo largo parecen olas

que se resbalan sobre su espalda.

 

Ah, son sus pechos panales tiernos,
su cuerpo erótico es de princesa;

ah, sus caderas, mundos de lumbre
cimbran al mundo con sus abejas.

 

No llores mariposa nocturna,
tus lamentos me hieren el alma,
eres oh, bella como una estrella,
tus tristes lágrimas me acongojan.

 

Refúgiate en mis brazos fuertes

y cuéntame tus amargas penas,
con mis besos calmaré tu angustia,
mis caricias te darán consuelo.

 

Ella no habló, nomás sonreía
provocativa, sensual, ardiente.
Se daba toda. La luna llena
filtró sus rayos, pintó la escena.

 

Su cuerpo joven era un banquete,
su piel lozana era un lirio nácar;
eran sus pechos dos zaramullos.
Para mí quiero ese huerto frágil.

 

De esa venada quiero ser dueño,
quiero el perfume de la azucena

y comer aquellos zaramullos

y probar las mieles de aquel cuerpo.

 

Hechicera su dulce sonrisa,
incitante su gesto coqueto

y voló el colibrí subyugado
en pos de la flor bella y salvaje.

 

La Xtabay tendió su mano frágil.
Uinic Xiu tomó la luz florida.

Se ocultó la luna en una nube,

se volvió la noche de obsidiana.

 

La nube oscura ya va pasando,

se prende el astro de las mujeres,

el oro cae sobre el paraje

¡No hay nadie bajo la inmensa ceiba!.

 

¿Se habrán marchado? No escucho voces.
Quietud y calma, ¿ Qué habrá pasado?
¡Uinic Xiu dónde estás, quiero verte!,
¡respóndeme Uinic Xiu!... silencio.

 

Nunca más ojos lo contemplaron.

Lucero Claro lo está esperando,
su ausencia llora desconsolada.

¡Quién sabe a dónde se encuentra ahora!.

 

Quizás ya duerma su sueño eterno
bajo la inmensa ceiba sagrada;

tal vez suspire en la madrugada
entre los brazos de ella... ¡quién sabe!.

 

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