LA CRUCIFIXIÓN

 

 

 

Es la cruz que me sostiene

un sagrado rascacielos

donde pendo como un ángel

con mis alas extendidas.

 

Es mi cruz un árbol santo,

el santuario en donde yazgo

como un príncipe inmolado

con mis pétalos heridos.

 

En la frente se me enreda

una eléctrica serpiente;

y una araña de aluminio

en mis pies su aguja clava.

 

En el pecho y en la espalda

treinta anguilas me flagelan;

y me muerde en cada mano

un murciélago oxidado.

 

Ya mis párpados se cierran

como el sol cuando se eclipsa;

y la estatua de mi cuerpo

se fragmenta como el vidrio.

 

Me derrito lentamente

como el plástico en el fuego;

y en el cántaro del sueño

me derramo para siempre.