EL CARNAVAL


 

 

El carnaval es un estado de éxtasis, de fiebre por la diversión que las multitudes viven para despreocuparse por algunos días de las tensiones y los problemas cotidianos. Se rinden a la libertad de personificar a los habitantes de otros pueblos y ciudades reconocidos por la historia.

 

Las máscaras y el maquillaje ocultan los rostros para desinhibirse y dejar su conducta y sus expresiones a la ligereza de la vida cosmopolita, que refleja los sueños y los anhelos de la gente.

 

Es un festejo, un reflejo de lo que son las mayorías; es el espejo de los pueblos que se ven sin inhibiciones ni timideces, sino que desbordan sus pasiones a través de las actividades que se practican en esos días: pintarse de colores, gritar, disfrazarse, bailar, aturdirse por la música y desahogarse con frenesí.

 

En el mundo carnavalesco se identifican los paseantes con personajes que han trascendido en la cinematografía y la televisión, los participantes evocan sus instintos y sus desvaríos psicológicos generando un fenómeno de liviandad y desenfreno, todo eso dentro del orden y el respeto establecido.

 

En fin que el colorido de la vida cosmopolita está presente en los trajes y la diversión de los participantes. Pensar en el mundo es enriquecerse por las costumbres y los modos de vida de las sociedades de todos los tiempos. A eso aspira el carnaval, y también a divertirse y alegrarse entre familias y con los amigos.

 

Carnavales frenéticos, sucumbir a la carne, eres una mujer que entre tus dedos y las curvas de tu cuerpo se olvida el dolor, y nace un nuevo día con la quietud de los tiempos apacibles y claros, reina y rige con potestad los días bajo tu influjo.