NOVENARIOS CAMPECHANOS


 

 

   

 

 

Novenario: plegarias al cielo y alegría de fuegos artificiales, oraciones cristianas y peregrinaciones de gremios. Tradición colonial con remembranzas prehispánicas, quizás invocaciones y rezos que tienen por motivo la solicitud de lluvia a los dioses para la cosecha de la temporada.

 

Tradición muy arraigada en los pueblos campechanos, que por estos días de verano, cuando inicia la temporada de lluvia, desarrollan estas festividades pagano-religiosas.

 

Estandartes y voladores por las calles, alegría popular y misticismo en el incienso, las velas y las flores, música de timbales y saxofón, y convivir de grupos de diversas clases sociales.

 

Escenas donde contrastan el hipil con la guayabera, las alpargatas con los zapatos, la tez morena de la mestiza y las pieles blancas de la gente de alcurnia. Auténtica participación popular en camaradería franca.

 

En Hecelchakán suele celebrarse esta festividad durante el mes de julio en un ambiente grato y regocijante.

 

Se inicia con la bajada del Santo Cristo de la Salud de su nicho para colocarlo frente al retablo del altar mayor donde presidirá las misas que en su honor se verificarán. Culmina la fiesta con la procesión que se realiza al mediodía, y que consiste en un paseo solemne que parte de la iglesia, recorre toda la plaza y retorna de nuevo a ella, llevando los fieles sobre sus hombros la imagen del Santo Cristo, mientras que la multitud de personas que participan en el paseo entonan cantos religiosos y portan velas prendidas.

 

Las campanas repican durante la procesión y se revientan voladores al paso de ésta. Al volver a la iglesia el Cristo queda al alcance de los fieles que en señal de veneración, respeto y fe, lo tocan, lo besan, le ungen flores para así recibir la gracia de Dios.

 

  

 

 

Durante el Novenario, cada noche el gremio correspondiente, hace una novena. Los gremios suman 10 y son: el del barrio de San Juan, el de San Francisco, San Antonio, la Conquista, Señoras y Señoritas de vestido, Señoras y Señoritas mestizas, Sagrada Hermandad, Palqueros, Maestros y los Artesanos.

 

El gremio a quien corresponde celebrar la novena respectiva realiza una marcha de sus agremiados que parte de la casa de uno de ellos y concluye en la iglesia.

 

Cada gremio porta sus estandartes con imágenes religiosas e inscripciones ricamente bordadas en ellos, asimismo, los participantes llevan flores y velas prendidas durante todo el trayecto que se acompaña con música religiosa tocada con timbales y saxofón. A este acto solemne se le denomina con la expresión “meter velas” a la iglesia.

 

Por la noche, después de realizada la novena, se queman juegos pirotécnicos, voladores de luces, cipreses y el torito petate, que es un toro de cartón, casi de tamaño natural, sobre el que se coloca un armazón con velas romanas unidas todas por una mecha, de tal modo que se quemen sucesivamente.

 

Después de prendidas las velas, es jalada la pequeña carreta sobre la que descansa el toro por dos osados jóvenes que lo pasean a lo largo de la carretera, frente al parque, mientras se queman los cartuchos de pólvora arrojando y despidiendo flamas de colores que se esparcen en todas direcciones, causando alegría, alborozo y temor entre la multitud que acude a presenciar estos actos.

 

Poco después de quemados los juegos pirotécnicos se inicia el baile popular en los corredores del Palacio Municipal. Al otro día por la mañana son “sacadas las velas” de la iglesia y retornan nuevamente a la casa del agremiado, donde todos los participantes realizan una fiesta.

 

Así, cada uno de los gremios realiza estas actividades diariamente durante el tiempo que dura el Novenario.

 

Tradiciones con un colorido especial que manifiestan el alma del pueblo y su visión de lo que quieren ser por siempre: espíritu y regocijo, alma, quietud y nobleza.

 

Que siempre perduren como parte de nuestros valores nativos que tienen por objeto la unidad por las veneraciones sagradas y el sano esparcimiento y convivir de la sociedad sin distinción de clases.

 

Novenarios campechanos: rezos y alegría, participación ciudadana; festejos anuales que permanecen, como el Cristo, enraizado en el corazón de nuestros pueblos ahora y siempre.

 

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