LA BOLA DE FUEGO


 

 

 

Cierta vez un hombre se encontraba solo en su casa -en ese entonces los patios era muy grandes, y podía ser que estuvieran limpios o llenos de maleza-, cuando de pronto le extrañó ver una bola de fuego en el fondo del patio, se fijó bien y sí, era una pequeña bola como de fuego que alcanzaba a iluminar un poco en su entorno.

Se acercó sin miedo ya que estaba acostumbrado a recorrer su patio y llegar hasta el fondo cuando era necesario. Al llegar ahí, dentro del fuego le salió una serpiente grande que se le enredó en todo su cuerpo, el hombre se quedó paralizado de miedo y casi sintió que le explotaba el corazón.

La serpiente, casi como en un murmullo, le empezó a hablar al oído, le dijo que tenía para él una gran fortuna, pero todo dependía de él, “debajo del fuego hay una lata grande llena de monedas de oro, tienes que regresar mañana en la noche a buscarla y será tuya, pero no se lo cuentes a nadie ya que si lo haces se convertirá en carbón”.

Desapareció al instante la bola de fuego y la serpiente, y en la oscuridad el hombre se fue recuperando lentamente. Regresó a su casa y no durmió esa noche, aunque aterrado se encontraba feliz sabiendo que sería rico.

Al día siguiente se encontró con un amigo y le contó la historia, se tomó algunas cervezas y no quiso emborracharse, porque en la noche iría a buscar su lata de oro.

A la medianoche salió temeroso, pero la ambición le dio fuerza y llegó adonde estaba la bola de fuego, escarbó ansioso con su barreta, la tierra estaba pedregosa y al tratar de sacar la tierra se cortó con las piedras filosas, pero él continuó y escarbó ya muy hondo hasta darse cuenta de que no había nada, esta vez se le apareció una iguana grande que se acercó a él, sintió su lengua larga que le dijo: “el carbón es tuyo” y desapareció al instante.

Se dice que el hombre quedó pobre. La bola de fuego es una leyenda de Hecelchakán, ya que se menciona que sigue apareciendo en los patios y unos se han vuelto ricos y otros siguen en la pobreza por el temor de encontrarse a una serpiente o iguana gigante que habla.

 

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