DON PEDRO PUCH


  

Hace aproximadamente 20 años se veía pasar por las calles de Hecelchakán a un señor que se llamaba Don Pedro Puch. Como cualquier ciudadano salía a pasear o realizar sus actividades cotidianas, lo único que lo hacía singular es que con la mano sostenía un pañuelo que le tapaba la boca.

Era una persona de humilde condición que vivía por la calle 9 en una casita de huano de las que ya van desapareciendo por efectos de la modernidad que erosiona la identidad de nuestro pueblo.

Don Pedro era un personaje misterioso que hasta los niños comentaban quién era cuando lo veían acercarse y les infundía temor: “ese señor es brujo y tiene colmillos”, decían, para retirarse con miedo.

Algunas personas cuentan que practicaba la magia negra por esas intenciones que tiene mucha gente de hacerse poderosas sin importar lo que tengan que hacer. Hacía invocaciones y conjuros en horas nocturnas y de sombras, utilizaba partes de diferentes animales, visitaba el cementerio para recoger tierra y fragmentos óseos, y a los dioses del mal le ofrecía los frutos de sus acciones perversas.

Dicen que a eso de las 12 de la noche rondaba por las calles oscuras y se convertía en animales diversos para meterse en los patios y asustar a la gente que con miedo corría despavorida ante la presencia diabólica que emanaba de la aparición.

Por las mañanas del día siguiente se convertía en una persona normal, como si no hiciera nada, como si no hubiera pasado nada y volvía a ser un hombre común y corriente.

No se sabe qué fue de ese hombre. No se sabe de él, simplemente desapareció y ahora sólo se le recuerda cuando en las conversaciones salen a relucir los cuentos de terror y las leyendas malignas. Hoy es parte de esta leyenda de los hombres misteriosos que se convierten en Huay keken, Huay chivo o en murciélago con los ojos henchidos de fuego rojo fulgurante.

Pero algunas personas cuentan que aquel hombre cuando salía por las mañanas se cubría la boca con un pañuelo, porque dicen que tenía unos colmillos muy grandes. Otros dicen que nada más se los cubría.

 

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