MARTES DE VAQUERÍA REGIONAL


 

 

 

Victoriano Yam May

 

En ese tiempo la fiesta tenía una duración de seis días y daba comienzo en un día martes para concluir el domingo siguiente. El martes era el único día de “Vaquería regional”.

Por la mañana, el Comité Organizador, contrataba a un grupo musical que recorría las calles de todo el pueblo, casa por casa, invitando a las bellas damitas bailadoras a salir por la noche al baile, portando el majestuoso “terno” típico de la región. En la casa en la que habitaba una bailadora, el Comité se detenía. Al compás de la música de jarana se reventaba un volador o cohete en señal de que ahí había una bailadora, en las casas en las que había dos bailadoras se reventaban dos voladores y así según el número de muchachas, era el número de voladores que se reventaban.

El terno típico de la mujer, en su mayoría de tez morena, consta de una pieza superior con solapa ancha matizada con rosas bordadas con hilos multicolores o chaquiras y lentejuelas que brillan con el reflejo de la luz; a la altura de las rodillas cubriendo alrededor del traje se luce otra franja de bordado, que remata con fustán fijo con lujosos encajes y bordados y como complemento borda con gallardía un fino rebozo de “Santa María” que cubre la espalda de la mujer y sostiene entrelazado ambos brazos, que se coloca en forma de cruz, dejando colgar unos flecos con que remata esta hermosa prenda.

La mujer mestiza, además del arreglo especial del cabello que adorna con una cinta ancha en forma de moño y flores, luce también aretes, cadenas de oro corchadas y rosario de filigrana con un crucifijo artísticamente labrado por buenos artesanos, zapatillas altas y maquillaje que hacen relucir más la belleza y elegancia de la damita.

El día martes por la mañana, también se tenía la costumbre de llevar un cerdo a pie, adornado con cintas y moño, hasta el domicilio de la persona encargada de darle muerte, hacer el reparto y cocinar la carne para los comensales con excepción de la cabeza que era cocida en “pib” y después adornada para el baile por la noche de la “cabeza de cochino”.

Durante la noche la orquesta jaranera “La Esmeralda” de Mérida, Yucatán, ejecutaba al compás de un 3x4 los “Aires del Mayab” que daban inicio a la vaquería, continuando después con un 6x8 y dejándose sentir la alegría en el sabroso guachapeo, el Torito y otras piezas musicales. Su compromiso era amenizar durante los seis días de fiesta con la misma orquesta, aunque las noches siguientes eran bailes populares.

Era costumbre que al llegar a la entrada del salón de baile, las jovencitas bailadoras se detenían afuera y de inmediato eran abordadas por un “bastonero”, hombre mestizo vestido elegantemente de traje blanco, fina filipina con abotonadura de oro. Sombrero de jipi de ala ancha, con alpargatas blancas de bellos adornos entretejidos de colores calados en la piel y pantalón blanco, quien les ofrece con respeto y gentileza el brazo o ambos, para conducirlas hacia el interior del salón de baile, en donde se les tenía reservado un lugar especial para uso exclusivo de estas lindas bailadoras.

A la hora de dar principio el baile de la vaquería, el bastonero, forma en fila a los caballeros bailadores y los conduce frente a cada una de las damas, sin que estos puedan mostrar preferencia por alguna de ellas.

El mismo bastonero da la orden a la orquesta para que dé inicio la alegre vaquería. Los galantes caballeros, con una leve inclinación de cabeza y con el sombrero en la mano derecha en ademán respetuoso, saludan a la joven que les correspondió y ya una vez en pleno baile, si algún caballero siente atracción o simpatía por alguna dama en particular, con respeto se retira de su pareja y se le acerca a otra.

Con el sombrero en la mano, repitiendo el mismo ademán, el jaranero le ofrece la “gala” a su nueva pareja, la señorita toma con la mano el sombrero y se lo coloca en la cabeza. Durante el baile de la jarana la joven puede aceptar bailar con otro caballero, quien con el mismo ademán, le ofrece de nuevo otra “gala”, así una sola bailadora, según sea su gracia, belleza y elegancia, al concluir la pieza bailable, portaba en la cabeza entre 3, 4 o 5 sombreros, que después recobraban los propietarios a cambio de una moneda de plata u oro, según sea la generosidad del donante.

            Pasada la medianoche, los grupos jaraneros de los cuatro barrios, San Antonio, La Conquista, San Francisco, San Juan, así como el propio centro; ofrecían el baile de la tradicional “Cabeza de cochino”.

La Cabeza de cochino es una ofrenda ancestral que consiste en una cabeza de cerdo horneada en tierra sobre piedras al rojo vivo, enterrada en un agujero que al cocerse es colocada sobre una pequeña mesa que se adorna con botellas de vino, cigarros, pan dulce y flores hechas con papel de “china”; colocándose en la orillita de la mesita cintas de varios colores que toman de la mano las mesticitas. Un hombre se encarga de llevar sobre su cabeza este adorno y otro, llamado “Pay Beh” con chicote en la mano va azuzando al conjunto de bailadores que giran en torno al salón al compás de la música.

Concluido el baile los grupos portadores de la “Cabeza de cochino” se reúnen en el “ambigú” donde proceden a hacerle entrega a la persona que aceptó y se compromete a devolver otro animal vivo el año venidero. Finalmente entre todos disfrutan del convite, así como de los refrescos y cervezas frías que ahí se ofrecen.

Es justo señalar que además de la orquesta jaranera “La Esmeralda”, con el paso de los años también deleitaron con su arte musical jaranero, los maestros: Eleazar Méndez, Rubén Darío Herrera, Víctor Soberanis, Arturo González, Ponciano Blanqueto y Bartolomé Loría Canto de la Península de Yucatán, y sin olvidar a la orquesta de Don Humberto Barbosa de nuestro querido terruño.

Grato es recordar los pasillos del Palacio Municipal en las noches de bailes populares que se llenaban al compás de la “Sonora Campeche” del maestro Don Salvador García.

 

Fuente: La Fiesta de Toros en Hecelchakán/ Victoriano Yam May. Primera edición, 61 Págs.