HOLA


 

 

Con una sombra oscura

y una densa amargura

vivía yo por la vida

con la fe y la esperanza perdida.

 

Brotando mis ilusiones

del niño inocente que no sabe

que ha de zozobrar la nave

al correr de las estaciones.

 

Así es como yo vivía

hasta que un día

esperando por siempre, por siempre

dos estrellas negras miré.

 

Eran tus ojos, luceros del bien,

era una niña con cuerpo de mujer

que a mi corazón tomó de rehén

y mi vida cambió por causa de una mujer.

 

Tenía el pelo negro y un suave mirar

cuando ante mí de improviso surgió:

era una estrella, era una flor, era la mar

que todo de mí ella absorbió.

 

Y tras ella fui sin atreverme a decir:

¿quién eres tú? ¿acaso la luna

que llegas a alumbrar mi vivir?,

no hubo respuesta de voz trémula.

 

En verano la conocí

y el invierno llegaba a su fin,

y amor sin decí,

Psiquis en el confín.

 

Hasta que por gracia divina

un domingo al salir

estaba el ángel que confina

y no pude más que decir:

 

Hola-mientras ella caminaba lentamente-

y una sensación de alegría explotó en mí…

a cada paso la miraba tontamente

y el paraíso y el infierno yo sentí.

 

Hola –me dijo- con un timbre de voz

tan hermoso y celestial

que creí sentir en esos momentos

que en la tierra no existía el mal.

 

Tramo de camino,

vereda de tierra sin igual

que nosotros llevamos por destino

abriendo corazón primaveral.

 

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