NO TENGO MÁS

 

 

            De las turquesas azules como el cielo surgió tu alma, como una paloma, para posarse en mi bosque con hojas de otoño. Me diste cuarzos de ámbar y mi espíritu se encendió como una noche con luceros. Te pregunté tu nombre y me dijiste: “Amanecer”.

            Eres paz de invierno y resplandor de primavera, eres atardecer y poesía fresca como la mía. En los versos de mi vida te regalo lunas llenas y a cambio tú me das los manantiales de tus manos y las magnolias de tus días claros que se encienden en mí como un revolotear de mariposas deslumbrantes.

            No tengo más que mis poemas para darte, la flor que corté en el patio y mi esfuerzo cotidiano que no alcanza para mucho, sin embargo a ti te gusta y me has dado un hijo que es el canto de los dioses y mi inspiración eterna cada día y cada vez que hay un arco iris.

            Soy una fuente de palabras que encontré en noches de pájaros candentes y en horas de rubíes. Soy un caracol con rumores de arroyos y alondras. No quiero ser más.

            En mi camino recogí atardeceres de buganbilias, sentí el ímpetu del coral negro y te invoqué por el poder del invierno de rosas púrpuras que me abrazó.

            En ese momento el amor que eras tú me dijo “ven”. Tomé tu mano y en el torrente de mis relámpagos proclamé tu nombre: Marisol.

            Entonces la felicidad se liberó y dejó caer la lluvia plácida de una tarde bella sobre nosotros, que continuamos caminando hasta que salió el sol, el arco iris y las golondrinas.

            Desde entonces estás conmigo alegrando la casa, poniendo flores en el altar de la virgen y cuidando a nuestro hijo que es como el acantilado donde rompe el mar y como la montaña poderosa del amor.

            No soy mucho, sin embargo te doy lo que tengo: este poema y una flor. No tengo más.

 

Volver