EL INDIGENISMO


 

El indigenismo es el espíritu de la raza maya que persiste vivo en nuestra sangre y en nuestra alma mestiza; es la fuente de identidad cultural que la memoria histórica mantiene palpitante en nuestra verdad de pueblo originario de una raza ancestral plena de grandiosidad y de raíces cosmogónicas, que es como un manantial inacabable en nuestro ser.

             Ser indio es tener la conciencia de esta realidad que, como un sueño, amanece en nosotros cada día para declararnos huéspedes del amor, las tradiciones, la cultura y una identidad que aflora en nuestra alma regional.

             No se puede extinguir esta llama viva, este fuego inexorable que es como un seno materno que nos da la vitalidad, la esperanza y el anhelo de mantenerlo siempre encendido sin que ningún viento, de cualquier lugar que provenga, lo pueda apagar.

             Estamos inmersos en esta cultura, somos los hijos del pasado tomando de la modernidad lo que nos es útil para ser plenos como mestizos por casualidad, pero indios por herencia y convicción.

             Mana de nuestra cultura regional esta verdad que está impregnada como colibrí en la flor de nuestra sangre, en el polen que germina nuestros sentimientos y nuestro anhelo de reconocernos en el espejo del indio que nos habita.

             Enrique Florescano dice: “Hace décadas que los centros de investigación y los organismos burocráticos del indigenismo dejaron de cumplir sus funciones. Viven de glorias pasadas, carecen de vigor intelectual y presencia social, y son habitados por una burocracia corporativa y envejecida que ignora el cambio científico que en el mundo exterior transforma la arqueología, la antropología, la historia y la vida académica”.

             Expresa Oscar Muñoz en uno de sus ensayos: “Se ha implementado la tarea histórica de eliminar al indio de la vida nacional, ya sea como individuo, grupo o pueblo. Se argumenta que tener la condición de indio impide alcanzar los beneficios de la vida moderna, por lo que el indio debe asimilarse a la idea de “lo mexicano” para dejar el atraso característico de las regiones indígenas”.

             Nuestra herencia ancestral es tierra que mana miel y sabiduría, es un remanso de originales verdades que florecen en nuestro espíritu como una pirámide señalando las cuatro direcciones del mundo.

Lengua nativa y tradiciones difunden lo que somos, nos doblamos como la espiga, pero después de la tormenta nos erguimos orgullosos de nuestra estirpe.

            Continuaremos así, siendo claridad y dicha de pertenecer a una gloria universal de raíces teogónicas eternas. Somos bejuco y computadora, agua de cenote y tecnología de vanguardia, nada nos detendrá para permanecer como la Ceiba sagrada y las ciudades de piedra mirando el pasar de los solsticios y equinoccios porque es nuestra verdad milenaria.

 

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