JOSÉ ORTIZ ÁVILA


 

 

            En una ocasión dijo: “Si me preguntaran donde quisiera volver a nacer, diría que ahí mismo, con mis indios y mestizos del Camino Real, ahí donde las pétreas lozas calcinaron las plantas de mis pies descalzos; pero si me pidieran dónde desearía morir, diría que aquí, porque la muerte, como en la “Vorágine” de Eustaquio Rivera, no es más que una segunda vida, más madura, más serena, más tranquila, más fecunda”.

 

             José Ortiz Ávila nace el 4 de marzo de 1917 en la Villa de Hecelchakán siendo sus padres José del Carmen Ortiz y Aurora Ávila. Su padre era encargado de la hacienda “Blanca Flor”, donde el futuro político acudía con frecuencia y su contacto con los trabajadores le permitió conocer la pobreza, la ropa de manta de las faenas, las alpargatas, las jornadas de 12 horas, la injusticia y la diferencia de clases muy acentuada. Esta visión de su pueblo lo indujo a estudiar y superarse hasta conquistar los altos niveles de la empresa privada y del poder político.

 

             El 6 de octubre de 1932 obtiene el título de maestro en la Normal Rural de Hecelchakán, el 1º de marzo de 1935 ingresa al Colegio Militar, el 25 de enero de 1936 obtiene el grado de cadete, el 1º de enero de 1939 se gradúa de Subteniente de Caballería, el 1º de marzo de ese mismo año es ascendido a Teniente de Caballería, el 15 de mayo de 1941 obtiene el Diplomado de Estado Mayor, su título de abogado en 1948 y en 1958 es diputado federal.

 

             José Ortiz Ávila, maestro rural, militar, diputado federal, empresario y abogado, de 1961 a 1967 gobierna el Estado de Campeche, y crea la infraestructura que todo Estado moderno debe tener. Antes de ello, Campeche era un montón de pueblecillos diseminados entre los montes y los caminos de terracería con excepción de la capital y Ciudad del Carmen.

 

             En el sector de educación creó la Universidad del Sudeste y la Universidad del Carmen, al comienzo de su administración había 50 aulas y concluyó su sexenio con 1350. Crea centros de salud, dota de carreteras y electrificación a prácticamente todo el Estado; la actividad pesquera se acrecentó.

 

             En materia agraria de 1917 a 1961 se había repartido un millón de hectáreas de tierras, el gobierno de Ortiz Ávila hizo un reparto de 2.5 millones de hectáreas y organizó la llegada de 10 mil campesinos de otros Estados que colonizaron el sur de Campeche; fomentó el cultivo del henequén y estimuló la apicultura creando la planta Miel de Abeja de Campeche, S.A.

 

             En Hecelchakán construyó la más hermosa plaza del Estado llamada “Noh Beh”, las primarias “Estado de Yucatán”, “Estado de Chiapas”, “Estado de Tabasco” y la secundaria federal “Cabalán Macari”; el centro de salud que hoy lleva el nombre “Armando Toraya Lope”, el rastro y el mercado público, y realiza la introducción de agua potable y electrificación a todas las comunidades del municipio.

 

             Al inicio de su gobierno tenía un presupuesto de cuatro millones de pesos y al concluir se había elevado a 116 millones. Construyó fuentes, monumentos, parques y avenidas y le dio al Estado una fisonomía moderna. El arquitecto Joaquín Álvarez Ordóñez diseñó y supervisó la construcción de toda esta infraestructura arquitectónica.

 

             José Ortiz Ávila con visión de la modernidad trabajó arduamente durante su gobierno, realizando una política de beneficio popular del cual emergió el Estado de Campeche con la infraestructura pública que contiene los esquemas medulares sobre los cuales continúan trabajando los gobiernos actuales.

 

              Realizó una administración destacada, que aún hoy día no ha sido superada, un trabajo político digno de un hecelchakanense distinguido que proyectó su visión de progreso colectivo dándole a Campeche bienestar social, armonía, generosidad sin límites y una filosofía política cristalizada que sigue siendo ejemplo y testimonio de trabajo fecundo que los campechanos, de generación en generación, recordarán, porque como dijo un hombre de Belén: “No se prende una lámpara para ocultarla en la oscuridad, sino para levantarla en lo alto para que todos la vean y resplandezca siempre”.

 

             Así resplandece su obra para orgullo de Campeche, como ejemplo y testimonio de capacidad, talento, y esfuerzo denodado para perfilar en el presente y hacia el futuro vastedad, riqueza, armonía y paz para los campechanos de hoy y siempre.

 

             Desde el 7 de junio de 2002 reposa para siempre bajo el cielo de Hecelchakán, en esta patria nuestra donde el espíritu ancestral llama siempre a sus hijos para abrigarlos con el calor maternal del amor. Sus cenizas están en un osario al pie del Cristo de la Salud en la iglesia San Francisco de Asís de esta ciudad.

 

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