LA EDUCACIÓN INDÍGENA


 

 

 

 

 

La educación indígena y la lengua maya tienen como antecedente los códices mayas y fosforecen como un lucero  para expresar su vitalidad y permanencia de 2 mil años en la sangre de un pueblo que se yergue  como un guerrero que ha forjado su espíritu en la sabiduría del pensamiento universal.

 

             La educación indígena presagia la eternidad del corazón y el aliento del espíritu de las cosas, que el secreto ha pronunciado con amor y verdad a sus hijos nacidos del quetzal, el sol y la serpiente de luz que junto con el jaguar y el lucero de la mañana completan el ciclo de la religión maya.

 

La educación indígena ondea como una bandera en el firmamento de nuestro Estado pluricultural y étnico, porque es un tesoro que anida en el corazón como queriendo decir “soy eterno”.

 

             La educación indígena es un instrumento que en el futuro se expandirá al sistema educativo de otros niveles, porque la unidad consiste en reconocer nuestras diferencias y convivir aceptando nuestras ideologías, que más que atarnos, nos enriquecen por lo que debemos de aprender a ser democráticos en el sentido pleno del término.

 

             La educación indígena es una propuesta de gobiernos cercanos a la Revolución.

 

 La educación indígena necesita renovarse con textos de autores indigenistas y regionales que configuren su programa con historia, cosmogonía, teogonía, poesía y literatura que propongan una visión amplia del pensamiento maya, para preservar la lengua y el espíritu indio que está oculto como una raíz a punto de retoñar.

 

 La educación indígena es el sol nuestro de cada día que fulgura para inspirarnos verdad, sentimiento y sueños para erguirnos como pueblo con espíritu de luz doblegando a la oscuridad y al dolor, para ser felices, serenos y capaces de remontarnos a la esencia de los dioses y al amor que son la máxima expresión que anhelamos.

 

 

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