NUESTRO PATRIMONIO


 

 

Cuando ellos llegaron nosotros ya estábamos aquí, las urbes piramidales aún regían los ciclos cósmicos, aunque ya los Ah Kines y Chilames se habían ido antes con quienes decidieron irse “por delante y por detrás”, según el Chilam Balam de Chumayel, de tal modo que lo que venía del sufrimiento por haber entrado la noche distinta de la que aquí es, quedó para el pueblo maya arrodillado, hasta hoy, esperando el tiempo en que de nuevo las urbes vuelvan a cantarle al Pájaro Quetzal.

 

             Llegó la humillación, la servidumbre, “la esclavitud” dicen los más recientes descendientes de esta raza y todos y cada uno fueron repartidos en botín de un viento extraño.

 

             Le llamaron encomiendas y posteriormente haciendas y hoy son los mismos pueblos sojuzgados, pero el espíritu que se amarró en esta tierra no dejó que todos sus hijos se perdieran entre las constelaciones, sino que les dio el silencio de la abeja y la humildad de la hormiga para que esta siga siendo tierra de espíritu piramidal.

 

             Y así, bajo el yugo, nuestros padres viejos  continuaron enseñándonos a hacer amarras de bejuco para seguir siendo lo que el indio es. De este modo se construyeron las neoclásicas haciendas con arquitectura de otros suelos pero con el espíritu de aquí sin que el llegado lo supiera.

 

             Así es como hoy, están ubicadas en los centros de población donde el indio dejó su espíritu, su dolor y sus lágrimas.

 

              Esperamos que vuelvan a ser nuestro patrimonio y, puestas a disposición, de quienes la defendieron con su dolor de siglos, en centros de cultura o de educación, que aún habría que determinar qué características podrían tener, pero no cualquier cosa. Si es así, con las características que les sean propias al espíritu del pueblo que las levantó, podría ser que se disponga de nuevo de ellas, si no, que permanezcan erguidas en el silencio, aunque resguardadas y conservadas limpias.

 

              Esto son las Haciendas de Hecelchakán: la arquitectura y las arquerías, la cultura hecha piedra, testimonio y orgullo de esta tierra.

 

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