ALONDRA CAMPESINA


 

 

 

Hecelchakán es el linaje del quetzal y del jaguar. Transcurre con palomas en sus manos soñando en el amor, pero inquieto con el espejismo de los rascacielos urbanos.

 

             Un día amanecerá con su alma aferrada a sus raíces indígenas y sentirá la paz de su identidad sagrada. Sufre, pero su dolor es de magnolias quietas. Ojalá que permanezca plácida como las lluvias de otoño.

 

             Por eso, no quiero un pueblo atormentado. No quiero un pueblo mancillado por la deshonestidad ni una juventud desbocada por el insomnio de la modernidad.

 

             Te quiero serena y melancólica como las princesas. Te quiero plenitud de familia aferrada a sus valores.

             Hay cosas que te hieren y producen desconsuelo, pero en tu pobreza vales más que el oro.

 

             No quiero que vendas tus ropajes ni tu rostro prehispánico, no quiero que vendas el jade indio de tus costumbres y tu origen.

 

             Permanece casta, consciente de la riqueza de tu espíritu, sabiendo que tu pobreza es digna y no eres imitación de pueblos extranjeros.

 

             Tú has llorado en el silencio.

 

             Yo te quiero con tu hipil y tus atributos femeninos rebozando primaveras. Te quiero con tus hijos como un jaguar con sus cachorros, como un quetzal con sus polluelos. Te quiero oliendo a flores.

 

             No creas que los espejismos modernos son gratis, duelen y es una aventura frívola, eso déjaselo a las ciudades internacionales.

 

             El viento, las estrellas, el dolor que no se dice, el anhelo del amor y la serenidad de las puestas de sol son tuyos. No dejes que se vayan. Tú eres una alondra campesina.

 

             Te proclamo el sendero luminoso que conduce a la felicidad, la furia de la pureza que cumple su destino, el hogar limpio y transparente que no envilecerá jamás la vida.

 

             Te proclamo patria de flores y el amor que nunca sucumbió, sino que luchó hasta irradiar luz, y tu nombre es poesía: Hecelchakán.

 

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